REALIDAD SOCIAL, ALIENACIÓN Y PSICOPATOLOGÍAS. EL PAPEL DE LA CONCIENCIA EN LA LOGOTERAPIA

INTRODUCCIÓN

Por: Dr. Víctor H. Palacio Muñoz
Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Chapingo, México

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1. Planteamiento del problema

En la actualidad el mundo atraviesa una situación de suyo insostenible. No sólo cargamos con las ansias de poder entre países y grandes corporaciones transnacionales, la lucha y guerra por los recursos naturales, la depredación de nuestro planeta, sino que estamos atentando contra lo más valioso de nuestro planeta: contra nosotros mismos.

La globalización de los procesos económicos y comerciales, tecnológicos, laborales, educativos, de salud, etc., ha sido, sin duda, un paso significativo para el desarrollo de la humanidad. Sin embargo, esto no ha sido acompañado por un interés genuino en lo que le pasa a la persona. Esta ha sido relegada y olvidada como artífice de los grandes logros y también de los grandes problemas que atravesamos como humanidad. Este olvido ha traído como consecuencia que el ser humano se encuentre en constante estado de olvido de sí mismo,  para lo cual los procesos económicos y tecnológicos coadyuvan de manera suficiente, de tal suerte que el hombre se obnubila, pierde el sentido que tienen las cosas, la vida, las relaciones con los demás y cae en un permanente estado de enajenación, lo cual lo coloca vulnerable ante la presencia de psicopatologías.

En este proceso, la conciencia también queda en el cajón de los recuerdos y las posibilidades de comprender lo que pasa, de actuar y de trascender, por parte del individuo, se esfuman.

Los especialistas afirman que el problema de la salud mental en la sociedad se encuentra en personas “inadaptadas”, pero no se ve que la posible inadaptación se encuentre en la cultura misma.

¿Cuál es la proporción de personas con problemas mentales y vacíos existenciales en el mundo? ¿En dónde se encuentran más este tipo de problemas: en los países pobres o en los ricos? ¿Es el ser humano autodestructivo por naturaleza?

El objetivo del desarrollo socioeconómico es el de lograr una vida materialmente confortable, una distribución relativamente equitativa de la riqueza, democracia y paz estables. ¿Pero ha sido posible esto? ¿Por qué hay tanto desequilibrio mental en la humanidad?

Afirmar que una sociedad carece de salud mental supone estar de acuerdo en que una sociedad es normal porque funciona, y que la patología se encuentra en la falta de adaptación del ser humano a la manera en que se vive en sociedad. Pero esto no es del todo cierto.

Nuestro punto de vista se ubica en el hecho de que las acciones del ser humano lo llevan a la salud y la felicidad y otras a la enfermedad y la infelicidad. La situación económica y social no determina esas tendencias, pero sí determina cuáles han de manifestarse o predominar entre el número limitado de pasiones potenciales (Fromm, 1992).

El hombre vive en armonía y en salud mental al no violentar las leyes de la naturaleza humana. Si va en contra de ellas hay desequilibrio y enfermedad.

Existe una diferencia ente la perturbación mental individual y la social, cuestión que lleva a distinguir las nociones de defecto y neurosis. Si una persona no alcanza la libertad,  espontaneidad y responsabilidad, podría suponerse que tiene un defecto grave, siempre que supongamos que libertad, responsabilidad y espontaneidad son las metas que debe alcanzar todo ser humano.

Ahora bien, el sentimiento de culpa y la ansiedad pueden convertirse en sensaciones de impotencia e indignidad, por la duda permanente de si la persona se salvará o será condenada al castigo eterno, ya que por ser incapaz de sentir la verdadera alegría, padece un defecto grave.

Pero si la persona codiciosa sólo piensa en dinero y riquezas y la ambiciosa sólo en fama, no las consideramos desequilibradas, sino únicamente molestas, y en general sentimos desprecio hacia ellas. Pero en realidad la avaricia, la ambición, etc., son formas de locura, aunque habitualmente no las consideremos “enfermedades” (Fromm, 1992).

Actualmente vemos individuos que obran y sienten autómatamente, que sus experiencias no las sienten como suyas, que sonríen artificialmente, que no se comunican y que viven en la desesperanza permanente.  Su situación es la misma que la de millones de seres humanos. Sin embargo, social, culturalmente, esto es aceptable. Dicho de otro modo, la sintomatología neurótica que ha generado la sociedad en estas personas es algo no cuestionable e incluso asimilable por las estructuras económicas y sociales en las que vivimos.

Un elemento a considerar, dejado en ocasiones de lado, es la lucha de clases. La confrontación permanente entre explotadores y explotados, a veces velada y en otras expresadas en forma manifiesta, revela sentimientos, actitudes, pensamientos que llevan a que tanto unos como otros los hagan evidentes o los acumulen para ocasiones precisas, las cuales pueden llegar incluso a la autodestrucción. En esto el miedo, la desconfianza y el retraimiento acaban por incapacitar a la mayoría de las personas para actuar eficaz e inteligentemente. Lo que pasa, en suma es que la gente no tiene sentido de su existencia, no sabe para dónde va, para qué.

Ahora bien, el hombre pertenece al reino animal. Por eso, en principio, su conducta  está determinada por instintos, los cuales se encuentran determinados por estructuras neurológicas hereditarias.

Es importante hacer una acotación: la existencia animal es una existencia armónica entre el animal y la naturaleza. En el proceso de la evolución y aparición del hombre, su presencia dejó de ser “esencialmente determinada por el instinto; cuando la adaptación a la naturaleza perdió su carácter coercitivo; cuando la acción dejó de estar esencialmente determinada por mecanismos trasmitidos hereditariamente. Cuando el animal trasciende a la naturaleza cuando trasciende al papel puramente pasivo de la criatura, cuando se convierte, biológicamente hablando, en el animal más desvalido, nace el hombre. En ese momento, el animal se ha emancipado de la naturaleza mediante la posición areca y vertical, y el cerebro ha crecido mucho más que en los animales superiores. Este nacimiento del hombre puede haber durado centenares de miles de años, pero lo que importa es que surgió una especie nueva que trasciende a la naturaleza, que la vida adquirió como ciencia de sí misma” (Fromm, 1992).

De esta forma, la armonía entre el animal y la naturaleza es rota ante la aparición de la autoconciencia, la razón y la imaginación de los seres humanos. Su aparición convirtió al hombre en una anomalía, en un capricho del universo. Por primera vez, surge un ser que tiene conciencia de sí mismo, se da cuenta de su importancia y de las limitaciones de su existencia. Y no sólo eso, además, “prevé su propio fin: la muerte” (Fromm, 1992). En su devenir, el hombre no puede liberarse de su existencia, ni de su alma “ni de su cuerpo mientras vive, y éste lo impulsa a querer vivir”. La razón, bendición del hombre, es también su maldición: le obliga a luchar sempiternamente por resolver una dicotomía insoluble. La existencia humana difiere en este respecto de la de todos los demás organismos: se halla en un estado de desequilibrio constante e inevitable. La vida del hombre no puede ser vivida repitiendo el patrón o modelo de su especie: tiene que vivirla él. El hombre es el único animal que puede aburrirse, que puede sentirse expulsado del paraíso. El hombre es el único animal para quien su propia existencia constituye un problema que tiene que resolver y del cual no puede escapar. No puede regresar al estado prehumano de armonía con la naturaleza; tienen que seguir desarrollando su razón hasta hacerse dueño de la naturaleza y de sí mismo” (Fromm, 1992). He aquí su condena, pero al mismo tiempo su oportunidad para darle sentido y orientación a su vida.

El nacimiento del hombre, dice Fromm, es un acontecimiento negativo ya que se  carece de adaptación instintiva a la naturaleza, no tiene fuerza física; en relación a las demás especies, es la más desvalida; no puede vivir al margen de la naturaleza; su capacidad de raciocineo es rudimentaria, desconoce los procesos de la naturaleza, habita fragmentado en pequeños grupos, sin conocerse a sí mismo ni a los demás; “realmente el mito bíblico del paraíso expresa la situación con perfecta claridad. El hombre, que vive en el jardín del Edén, en completa armonía con la naturaleza pero sin conciencia de sí mismo, empieza su historia (paradójicamente, V.P.) por el primer acto de libertad, desobedeciendo una orden. En aquel mismo momento, adquiere conciencia de sí mismo, de su aislamiento, de su desamparo: es arrojado del paraíso, y le impiden regresar a él dos ángeles con espadas de fuego. La evolución del hombre se basa en el hecho de que ha perdido su patria originaria, la naturaleza, y que no podrá nunca regresar a ella, no podrá nunca volver a ser un animal. No hay más que un camino que pueda seguir: salir por completo de su patria natural, y encontrar una nueva patria, una nueva patria creada por él, haciendo del mundo un mundo humano y haciéndose él mismo verdaderamente humano” (Fromm, 1992).

El problema de la existencia humana, es único en toda la naturaleza: el hombre sale de ella y tiene una doble cualidad: es un ser divino y es en parte animal; enfrenta nuevas necesidades y encuentra nuevas soluciones, las cuales lo llevan a enferentar las contradicciones que conlleva su existencia; al mismo tiempo, la relación con su prójimo y consigo mismo, es la fuente de todas sus fuerzas psíquicas y de todas sus pasiones y ansiedades. A partir de un proceso, la persona aprende  a amar, a utilizar la razón, a ver el mundo objetivamente; desarrolla sus facultades, adquiere sentido de identidad, aprende vencer la seducción de los sentidos en beneficio de una vida más íntegra y completa. (Fromm, 1992). “La vida del hombre está determinada por la alternativa inevitable entre el retroceso y el progreso, entre el regreso de la existencia animal y la llegada a la existencia humana. Todo intento de retroceder es doloroso, y conduce inevitablemente al sufrimiento y a la enfermedad mental, a la muerte fisiológica o a la muerte mental (locura). Cada paso adelante también es doloroso y temible, hasta que se llega a cierto punto en que el miedo y la duda tienen proporciones menores. Además de las necesidades alimentadas fisiológicamente (hambre, sed, sexo), todas las necesidades esenciales del hombre están determinadas por esa polaridad. El hombre tiene que resolver un problema, pues no puede permanecer siempre en la situación dada de una adaptación pasiva a la naturaleza. Ni aún la satisfacción más completa de todas sus necesidades más intensas no son las enraizadas en su cuerpo, sino las enraizadas en la peculiaridad misma de su existencia” (Fromm, 1992).

La presencia de pasiones e impulsos en el hombre buscan encontrar la solución a su existencia, o, dicho de otra manera, intentan evitar el desequilibrio mental. Aquí cabe el señalamiento de Fromm de por qué por qué sólo enloquecen algunas personas, y no por qué no enloquece la mayor parte. El hombre “sano” y el “enfermo” buscan soluciones a sus necesidades, sólo que éstas son diferentes para uno y otro (Fromm, 1992).

El individuo que se desvía de las pautas o patrones culturales busca una solución, la cual puede ser mejor o peor que la que le proporciona su cultura, pero es siempre otra solución al mismo problema fundamental planteado por la existencia humana. En este sentido, puede afirmarse que todas las culturas son religiosas y toda neurosis asume formas de religión, entendiendo por ésta la búsqueda de resolución al problema de la existencia humana (Fromm, 1992).

2. Objetivos   

La investigación pretende demostrar el impacto de la realidad social y el condicionamiento de ésta en la conducta de las personas.

Determinar la manera en que incide la problemática social en el surgimiento y crecimiento de las enfermedades mentales.

Evaluar cuáles elementos son los más significativos en la cuestión mental y qué papel desempeña la conciencia de los hombres y las mujeres.

Apuntar algunas recomendaciones que podrían llevarse a cabo.

3. Preguntas de Investigación

¿Qué ocurre mentalmente en los individuos ante una realidad socioeconómica tan injusta y desigual como la que vivimos?

¿Por qué el ser humano está sobredeterminado por el medio ambiente que le rodea?
¿Cómo se establece la vinculación entre los problemas económico-sociales, la alienación y las enfermedades mentales?

¿Qué papel juega la conciencia del individuo en este proceso?

4. Justificación de la investigación

Esta investigación es relevante ya que busca interrelacionar diversos procesos como los aspectos socioeconómicos, la enajenación derivada de ellos, las enfermedades mentales que se desarrollan en este marco y el papel desempeñado por la conciencia de las personas.

Existen pocas investigaciones que hayan intentado el propósito señalado, de ahí que su pertinencia y relevancia social estén fuera de duda.

La utilidad metodológica que se desprende de este trabajo servirá para el establecimiento de líneas de investigación que apunten a plantear y definir soluciones a los grandes problemas de índole mental que se desprenden de nuestra realidad social.